Érase una vez un muñeco de sal. Había andado mucho por cálidas tierras y áridos desiertos. Un día llegó a la orilla del mar. Nunca había visto el mar; por eso no conseguía comprenderlo.‑ «¿Quién eres?», preguntó el muñeco.
‑ «Yo soy el mar», respondió éste.
‑ «Pero... ¿qué es el mar?», volvió a insistir el muñeco de sal.
‑ «Yo», respondió el mar.
‑ «No entiendo», respondió tristemente el muñeco.
Luego añadió:
‑ «Me gustaría mucho comprenderte. ¿Qué he de hacer?».
‑ «Es muy sencillo: tócame», le contestó el mar.
Y tímidamente el muñeco de sal tocó el mar con la punta de los dedos de los pies, y notó que aquello misterioso empezaba a ser comprensible.
Pero de improviso se asustó al darse cuenta de que las puntas de sus pies habían desaparecido.
‑ «Mar, ¿qué me hiciste?», preguntó llorando el muñeco de sal.
- «Tú me diste algo de ti y yo te di comprensión. Tienes que darte todo para comprenderme todo», contestó sencillamente el mar.
El muñeco de sal se quedó largo tiempo pensativo... Luego comenzó a deslizarse lenta y suavemente en el mar, como quien fuera a realizar el acto más importante de su vida. A medida que entraba en el agua, se iba deshaciendo, diluyendo... poco a poco...
Al tiempo que seguía preguntándose:
‑ «¿Qué es el mar, qué es el mar?»...
Hasta que una ola lo cubrió por entero. En el último momento, antes de diluirse en el mar, todavía pudo decir: «Soy yo. Yo soy el mar».
Su desapego fue total, y ganó todo: el verdadero yo.
De los maestros espirituales antiguos
(Citado por Leonardo Boff)
jcl
Felicitaciones, muy bueno el blog, espero contribuir algo en él a futuro
ResponderEliminarun abrazo a todos
JK